~ "La imaginación crea la realidad." (Neville Goddard) ~


lunes, 9 de abril de 2018

CONSTRUIR TU TEMPLO (Neville - 20 de noviembre de 1967)

Neville Goddard (20 de noviembre de 1967)


CONSTRUIR TU TEMPLO



En su poema Los cuatro Zoas: un sueño de nueve noches, William Blake habla de la caída de Dios en la división y su resurrección en la unidad —su caída en la generación, deterioro y muerte, y su resurrección en la unidad del único Padre—. Al relacionar su poema con el verso 12 del capítulo 6 de Efesios, afirma: «No luchamos contra carne y sangre, sino contra principados, contra las potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra las huestes espirituales en las regiones celestes». Por lo tanto, vemos que la caída en la división y la resurrección en la unidad es mental.

De principio a fin, la Biblia habla de cierto templo que está siendo construido. Y todos los días estamos construyendo nuestro templo para que sea habitación de Dios Padre. En el segundo capítulo del libro de Efesios se nos dice: «Toda la edificación, bien trabada, se eleva hasta llegar a ser un templo santo en el Señor, en quien también vosotros sois [juntamente] edificados para ser morada de Dios en el Espíritu». En otras palabras, cuando tú traes tu edificación, y yo traigo la mía, somos unidos como piedras vivas en el edificio de Dios.

Permíteme explicar esto con una historia que apenas me contaron la semana pasada. Esta es una experiencia de alguien que es una verdadera dama, y que recientemente tuvo un bebé. Ella relata: «En mi sueño soy tres personas. Soy yo misma y sin embargo soy hombre. Cuando soy yo, deseo encontrar un pequeño perro verde. Al convertirme en otra persona, veo a mi perro entre otros. Brilla como el sol, y debido a que se lo he ordenado, sé que todo lo que tengo que hacer es esperar que regrese.

»Ahora, en mi sueño soy siempre remitente. Cuando hay que decir algo, se lo digo a otro (que soy yo misma), entonces me convierto en el otro para volver a decirle la historia al tercero. Cuando soy el tercero, entonces le digo al segundo que le diga al primero. Sé que en este nivel no tiene sentido, pero como el tercero que habla, oigo el mensaje como el segundo, y me digo a mí misma (el primero): “El perro es tuyo ahora”. Y como el primero me siento muy feliz de recibir la noticia.

»De nuevo, como la tercera persona, le pido a la segunda que le diga a la primera: “Tu edificio está terminado. Todo lo que debes hacer es volverte y tomarlo”. Ahora, como la primera persona, mi pequeño perro desaparece, y estoy mirando mis muchos nuevos edificios que están siendo construidos. Luego recuerdo que mi edificio está terminado y que todo lo que he de hacer es volverme y solicitarlo… Entonces mi bebé llora y me despierta».

A simple vista, su visión parece no decir nada, pero tiene un significado profundo. Su perro verde que brilla como el sol es Caleb en las Escrituras. Caleb es aquel que entra con Josué en la Tierra Prometida. En el relato, Caleb —con la fe en el Dios que le prometió tierra a Israel— fue enviado por Moisés junto con otros espías a Canaán. Cuando regresó, Caleb dijo: «ataquen inmediatamente», pero los hombres que habían ido con él tenían miedo, así que solo Caleb y Josué (la forma hebraica de la palabra «Jesús») entraron.

En su sueño ella espera a un pequeño perro verde. La palabra «verde» en este sueño significa ‘avanzar con vitalidad; suculento; salud’. Rebosante de lo que poseo, te llevaré a descansar en verdes praderas. Lleno de fe en el Dios que prometió tierra a Israel, Caleb es altamente recomendado, ya que solo dos pueden entrar. Otros tenían el perro y otros lo encontrarán, porque ella no es la única que entra en la Tierra Prometida. Ahora, ¿quién esperaba por su compañía? ¡Dios! Como el tercero, al segundo se le dice y, a su vez, éste le dice al primero que ahora el perro es de ella. Entonces la experiencia se repite, ya que, una vez más, ella se convierte en remitente (la que comunica), pero nunca es la receptora, porque Dios solo actúa y es en los seres existentes o en los hombres.

Ahora, como la primera persona, ella sabe que el pequeño perro ha desaparecido. ¿Por qué? Porque ella ya ha entrado en la Tierra Prometida. Al ver la fabulosa construcción avanzar, se le recuerda que su edificio está terminado y que todo lo que tiene que hacer es volverse y verlo. Hay dos pasajes en las escrituras (uno en el capítulo 12 de Hechos, y el otro en el capítulo 15 de Lucas) donde la palabra griega jeautú es traducida como ‘volvió en sí’. En el Libro de Lucas estas palabras fueron dichas del hijo pródigo. Y en el Libro de Hechos, Pedro estaba preso y encadenado. Sus vestiduras fueron vendidas y estaba solo en la celda, cuando un ángel del Señor entró, lo tocó, y, mientras se ponía de pie, se dice que: «volvió en sí». Ahora, esta palabra jeautú podría haber sido traducida como ‘él se volvió; está cumplido; está terminado; casarse’. Y ella oyó las palabras: «Todo lo que debes hacer es volverte». Vuélvete y contemplarás la estructura terminada. Como una piedra viva, ahora has contribuido con la estructura general, que es el templo del Dios Vivo. ¡Por experiencia propia, sé que todos contribuyen con esa única Piedra Viva llamada el reino de los cielos! Una fuerza que es mayor que cualquier cosa conocida por el hombre hará que te vuelvas, pero eso no sucederá hasta el final. No puedes volverte físicamente, ni puedes forzar tu mente a hacerlo.

Bien, Blake nos dice: «Dios cayó en la división», y esta dama se dividió en tres. Ahora, avanzando al final del viaje, cuando la fuerza que te sostiene a este mundo se disipe, te volverás para ver la estructura que tu Padre construyó, y sabrás que eres Él. Tu templo no es construido por otro. «Quien inició en vosotros la buena obra la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús» Filipenses (1:6). ¿Quién es Él? Yo Soy aquél que inició la buena obra en ti. «Te he probado en el horno de la aflicción. / Por mí, por amor de mí mismo lo hago, / Pues, ¿cómo podría ser profanado mi nombre? / Porque a otro no daré mi gloria» (Isaías 48:10-11). Tu viaje llegó a su fin, mi estimada. Tuviste la visión perfecta. Tu edificio está terminado y todo lo que tienes que hacer es volverte. Esto llegará a su fin, pues, si te vuelves desaparecerás, porque, como Pablo, has peleado la buena batalla. No dejes que nadie te diga que Pablo estaba exagerando; es una batalla, porque luchamos no contra carne y sangre.

En este instante alguien está pisando el lagar del odio, y —sin trabas— el pensamiento es enviado en las alas del sentimiento. Quizá, sentado en un calabozo esta noche, alguien está pisando el lagar de la guerra, y algún niño en el campo atrape la idea, y por querer ser un héroe sueñe con llegar a ser un gran general que ordene la destrucción del mundo. Él está soñando, y no puedes detener un sueño. Así que no estás luchando contra carne y sangre, sino contra principados, contra las potestades y huestes espirituales en las regiones celestes, y el cielo está dentro. En el interior de tu mente estos abominables y repugnantes seres son esculpidos. Son fuerzas invisibles que influyen sobre ti mañana, tarde y noche.

Pero, ¡qué emocionante es recibir una carta de esta naturaleza! Su edificio está terminado. ¡Ella ahora sabe que solo es remitente! Dio la orden, se vio a sí misma como otro que recibía, pero cuando el mensaje debe ser reemitido, ella, una vez más, se convierte en el emisor. Y cuando tenga que ser experimentado, será ella quien lo experimente. Así que Dios solo actúa y es en seres u hombres vivos, porque Dios interpreta todos los papeles.

Al final todos traen su templo vivo a la casa de Dios. Efesios nos dice cómo la estructura es trabada y cómo el templo sagrado crece en el espíritu. Es un templo espiritual, no uno de este mundo. Las Escrituras llaman a la iglesia «el cuerpo de Cristo», pero la palabra traducida como «iglesia» es ‘comunión del grupo de los redimidos’. Es la reunión de aquellos cuyas edificaciones están terminadas. Al interpretar el papel del destinatario, somos el ser único que construye. Al encontrar a Caleb, tú (como Josué, que es Jesús) eres conducido a la Tierra Prometida, mientras que las Escrituras son cumplidas. Habiendo brillado como el sol para guiarte a ella, Caleb desaparece, dejando únicamente a Jesús. ¿Y quién es Jesús? ¡Tu maravillosa imaginación humana!

Ahora permíteme compartir otra historia. Hace tres años, en un sueño, una dama vio a un hombre que encarnaba todo lo que ella pudo alguna vez desear. Se enamoraron y un compromiso fue anunciado. Luego, pensando que estaba despierta, se puso su camisón y se retiró con la esperanza de que él la acompañaría. Pero cuando entró en la habitación, el hombre negó con su cabeza y dijo: «Todavía no, pero volveré». Este mes el mismo hombre volvió y con su mirada dio a entender que había venido a cumplir la promesa de matrimonio. Le puedo decir a ella que, aunque esa promesa no ha sido cumplida, tuvo la revelación perfecta de aquello que vendrá a ella. Ahora tiene la garantía de que «Vengo otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3). Esto es todo un hermoso simbolismo. Esta dama no está a punto de casarse en este mundo nuestro con un hombre de carne y hueso de tal excelencia. No, él es el símbolo de quien se habla en Isaías: «Porque marido tuyo es tu Hacedor; / el Señor de las Huestes es su nombre» (Isaías 54:5). La promesa se mantiene en ella, y un día se volverá dentro de sí misma y se convertirá en ese templo vivo del Señor Resucitado.

He visto el templo, y cuando deje el ropaje relacionado con este tiempo, entraré en un tiempo completamente diferente. Y como Pablo, es mi deseo partir y estar con Cristo, pero ahora es más importante quedarme y alentarte, aunque estés luchando contra principados, potestades de la oscuridad y todos los horrores del mundo. Pero he visto la edificación que está siendo construida para ti, no por otro, sino por tu ser más profundo, que es Dios Padre.

En 1952, mientras vivía en la ciudad de Nueva York, tuve una sed que solo una experiencia de Dios podía saciar. «Como el ciervo brama por las corrientes de agua, / Así, oh, Señor, te anhela el alma mía». Entonces, una noche, inesperadamente, me encontré cumpliendo el Salmo 42: «Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí: / De cómo marchaba con la multitud y los conducía hasta la Casa de Dios».

Esa noche me encontré guiando una enorme procesión hacia la casa de Dios. Estaba en silencio en la distancia, pero mientras los guiaba, una voz resonó:

—Y Dios camina con ellos.

Una mujer a mi lado interrogó a la voz, preguntando:

—Si Dios camina con nosotros, ¿dónde está?

Y la voz respondió:

—A tu lado.

Me miró, y al ver a un hombre de carne y hueso, dijo:

—¿Quieres decir que Neville es Dios?

Y la voz contestó:

—Sí, en el acto de caminar.

Luego la voz me habló solamente a mí, y dijo:

—Me acosté dentro de ti para dormir, y mientras dormía tuve un sueño. Soñé…

Y súbitamente supe que Él soñaba que era yo. En ese instante el recuerdo regresó, y me convertí en seis vórtices, que sentí entre las manos, los pies, mi cabeza y el costado. Entonces reconocí el éxtasis de la crucifixión.

Pablo, en su Carta a los Romanos, divide los tiempos al decir: «Si hemos sido unidos a Él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos por una resurrección semejante». La crucifixión es el pasado. «Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo». Si esto es cierto, entonces, el Cristo universal se dio a sí mismo a nosotros, ¿o acaso no dijo: «Nadie me quita la vida, sino que Yo la pongo de mí mismo. Tengo autoridad para ponerla y tengo autoridad para volverla a tomar» (Juan 10:17-18)? Y nosotros la hemos puesto con Él, porque nos escogió en Él antes de la fundación del mundo. Entonces, si estás unido con Él en una muerte semejante a la suya, ciertamente estarás unido con Él en una resurrección semejante a la suya. Sé que esto es cierto, porque Él fue resucitado en mí, confirmando el relato de las Escrituras. De esta manera es como la estructura es ampliada y crece en Dios. Y cuando el velo final cae y el templo es perfecto, tú serás Dios Padre y yo seré Dios Padre, ¡aunque ninguno de nosotros perderá su identidad!

Te pido que continúes poniendo a prueba tu poder creativo a través de la revisión. Si oyes algo desagradable, no lo aceptes, sino revísalo inmediatamente. Escucha las palabras que deberían haber sido dichas y convéncete, de la mejor manera posible, que así fueron. ¿De qué valdría poseer el mundo esta noche y partir mañana para encontrarte trabajando como un cocinero de comida rápida, sirviendo panquecas? Vive tu vida plenamente mientras estás aquí, pero recuerda que no puedes llevarte tu dinero.

Entonces, disfruta las cosas de este mundo y aplica esta maravillosa ley para ti y para otros, porque imaginar verdaderamente crea la realidad. Y recuerda: no estás luchando contra carne y sangre, sino contra principados, potestades y gobernadores de las tinieblas de este mundo, y el mal espiritual en las regiones celestes. Y un día, tú, qué has caído en la división, ¡resucitarás en la unidad!

Ahora entremos en el silencio.



Traducido por Luis Natera
La conferencia original en inglés es BUILDING YOUR TEMPLE (Neville Goddard – 11-20-1967)



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lunes, 29 de enero de 2018

UN ESTADO LLAMADO MOISÉS (Neville - 29 de abril de 1968)

Neville Goddard (29 de abril de 1968)


UN ESTADO LLAMADO MOISÉS



Al leer las Escrituras, siempre ten en cuenta que son un relato de la salvación, y no historia secular, que los personajes —desde Adán hasta Jesús— son estados de consciencia. En «Visiones del Juicio Final» de [William] Blake, éste dice: «Debe ser entendido que Moisés y Abrahán no son sino estados representados por esos nombres, que fueron develados al hombre mortal en una serie de revelaciones divinas como están escritas en la Biblia». Después de ver toda la obra, Blake añade: «Cuando los ves desde lejos, parecen ser un solo hombre, pero al acercarte parecen ser Multitudes de Naciones, porque el Único Hombre se convierte en la mayoría».

Los primeros cinco libros de la Biblia son llamados la Torá, o la Ley, con Abraham como el símbolo del comienzo de la civilización. Sin embargo, el personaje relevante registrado allí es el infinito y eterno estado llamado Moisés. La palabra «Moisés» es el antiguo [tiempo] perfecto del verbo egipcio «nacer», así que es en el estado de Moisés que algo nace. Ahora bien, al final de la Torá se nos dice: «Y Moisés, siervo del Señor, murió […] Y el Señor lo sepultó […] Y no ha sabido hombre alguno el lugar de su sepulcro hasta el día de hoy» (Deuteronomio 34:5-6). ¿Por qué? Porque Moisés está sepultado en ti.

Hoy en día la gente trata de inmortalizar la identidad de toda persona prominente en algún mausoleo. En nuestro país se hacen viajes a las tumbas de nuestros presidentes a diario. Me han dicho que no hay un solo día en el que la tumba de Kennedy no esté cubierta de flores, mientras la gente ora y llora sobre ella. Entonces, conocemos donde están sepultados nuestros presidentes y héroes, pero nadie conoce dónde está sepultado Moisés. Como la representación del futuro de Israel en forma germinal, es en Moisés —un estado sepultado en el Hombre— que el plan de la redención de Dios se revela. Ahora, un israelita no es un descendiente de Abraham, según la carne, sino el elegido de Dios de cualquier nación. Seas judío, cristiano o mahometano, Moisés —el futuro de Israel en forma germinal— está sepultado en ti. Y la palabra «Israel» significa ‘gobernar como Dios’.

Después de ver todo el patrón del plan de Dios en la montaña, Moisés regresa y le habla al pueblo en tiempo presente y en primera persona, y dice: «Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de los esclavos. No tendrás otros dioses delante de mí» (Éxodo 20:2-3). Al decir esto, Moisés revela el nombre de Dios como «YO SOY». Él no dijo: «Yo soy Moisés y el Señor», sino: «Yo soy el Señor». Al reconocer su verdadera identidad, Moisés comienza a hacer maravillas, llamadas señales. Después de darle a Moisés la vara de Dios, el Señor le dice: «Pon sobre ella una serpiente ardiente, y cualquiera que la vea, esté enfermo o afligido, si cree, será sanado» (Números 21:8). Todas estas hermosas imágenes son literalmente ciertas cuando el plan de Dios comienza a desplegarse en ti.

Se nos dice que Moisés no pudo entrar en la Tierra Prometida, que Josué —lleno del espíritu de sabiduría— sí entró, y el pueblo lo siguió. «Josué» es la palabra hebrea equivalente a «Jesús». Moisés no pudo entrar, porque él es el plan de Dios en forma germinal. Josué es su desarrollo, como dice la Palabra: «Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador, y fuera de mí no hay quien salve» (Isaías 43:3-13).

El plan se despliega en Josué en el Viejo Testamento, y en Jesús en el Nuevo [Testamento]. Si Josué está lleno de la sabiduría de Dios, y Cristo es definido como el poder y la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24), ¿no son ellos el mismo ser? La gloriosa sabiduría de Dios en forma germinal salva a Israel, extrayendo al Único Ser mientras el germen brota. Entonces el hombre en quien esto sucede experimenta las señales y maravillas registradas en las Escrituras de manera literal. ¿Quién habría creído que la vara de Dios con la serpiente ardiente sobre ella era una verdad literal? Sin embargo, sé que es el estado que experimentarás al entrar a la Tierra Prometida.

No importa cuánto vivas o cuánto poseas, morirás a este mundo. Pero estás destinado a entrar en la tierra de la promesa, una tierra que es eterna, donde no puedes morir. El ropaje de la naturaleza que ahora usas morirá, pero en ti hay un germen llamado Moisés, y vive eternamente. Está sepultado en el Gólgota, el cráneo del hombre. Y la vara de Dios es tu columna vertebral. Al precipitarse al mundo de la división, el poder creativo de Dios desciende a la generación; está destinado a revertirse y ascender de la generación a la unidad.

Solo hay un Ser Creativo, un solo Dios, y, al ser proteico, parece que es innumerables naciones, razas y personas, pero, al fin y al cabo, uno a uno, se reúne a sí mismo en el único cuerpo, el único Espíritu, el único Señor, el único Dios y Padre de todos nosotros (Efesios 4:4-6), pero sin pérdida de identidad. Sabrás que eres Dios. Yo te conoceré y tú me conocerás. Después de conocernos en este estado violento por las máscaras que ahora usamos, retornaremos a la unidad del «Uno conformado de otros», para ser hermanos en ese estado celestial.

Es Moisés quien revela el nombre de Dios. Ahora que lo sabes, pide por riqueza en el nombre de Dios, diciendo: «YO SOY rico». No puedes señalar hacia afuera de ti mismo y pedir en el nombre de Dios. Si estoy en un estado empobrecido y deseo el estado de riqueza, debo atreverme a asumir que soy rico. La Torá es una discusión entre Jehová y el faraón, o la fe y la duda. Debes tener fe en la asunción de que eres el hombre que deseas ser para poder lograrlo. Tus deseos jamás se cumplirán si crees en el rechazo mostrado por la razón y los sentidos externos. Mientras avanzas en la asunción de que tu deseo está cumplido, estás pidiendo en el nombre de Dios y conjurando aquello que asumes. Debes atreverte a asumir la riqueza, si ese es tu objetivo. Si deseas salud, debes asumirla, incluso si el mundo racional del doctor produce pruebas de lo contrario. Debes estar siempre consciente de que ellas no son tu Dios, ¡de que solo hay un Dios y su nombre es YO SOY! Cuando señalas hacia otro como una autoridad en tu mundo, estás transfiriendo el poder que pertenece a Dios a un ídolo. Ahora, si pides por cualquier cosa y usas el nombre de Dios —y su nombre es YO SOY—, y dices «yo soy», ¿no eres tu propio hacedor?

¡Dios es porque YO SOY! «Yo hago morir y Yo hago vivir. Yo hiero y Yo sano. Yo creo la luz y formo la oscuridad, y fuera de mí no hay Dios» (Deuteronomio 32:39 e Isaías 45:6-7). Cualquier cosa que desee, debo asumir la responsabilidad plena por ello. Si quiero conjurar la salud, y los doctores me dicen que no puedo vencer la enfermedad, y creo en ellos, he tomado mi decisión y debo aceptar la responsabilidad de ello. Pero si me atrevo a asumir la salud, Dios la está proclamando, porque Él no tiene otro nombre diferente a YO SOY. Esta es la gran revelación que se encuentra en el capítulo 3, verso 14 de Éxodo: «Ve y diles: YO SOY me ha enviado a vosotros» (Éxodo 3:14). Todo lo que declaras es, porque el nombre de Dios es cualquier forma del verbo ser, bien sea «YO SOY», «YO FUI» o «YO SERÉ».

Recuerda: Moisés no es una persona, sino un plan eterno de Dios. A él se le mostró todo, y se le dijo que siguiera el patrón que vio en la montaña. Nadie sabe quién escribió los libros de la Torá. Ellos están firmados únicamente con las letras J, B y P. De hecho, no sabemos quién es el autor de ningún libro de la Biblia. Mateo, Marcos, Lucas y Juan son nombres anónimos de aquellos que escribieron sus propias visiones y revelaciones del eterno plan de salvación de Dios. En el estado de Moisés, los he estado guiando a un nuevo y arriesgado camino. Los he llamado como grupo, y les he explicado lo que me ha ocurrido —el patrón hombre—, con la esperanza de que me escucharán con fe. No todos me creerán, de la misma manera que no creyeron en Moisés.

Se dice que mientras él guiaba al pueblo a través del desierto, la mayoría quería regresar a su vieja manera de pensar. Se sentían más seguros con sus viejas creencias. Era más fácil seguir siendo esclavo y recibir limosnas. Muchos esclavos no quieren ser liberados, porque como esclavos tienen asegurado el techo y la comida. Ser liberados de ese estado implica que tendrían que entrar en el estado de independencia, que es exigente, pero glorioso. Cuando crees que Dios es tu maravillosa y amorosa imaginación humana, eres liberado de la esclavitud de la creencia en otro. Al hombre se le ha enseñado a creer en un dios externo, al cual recurre cuando tiene necesidad; e, incluso, si no le responde, el hombre sigue creyendo que [este] dios está haciendo su trabajo. Pero Moisés nos advierte que no busquemos a ningún otro dios, y nos dice: «No hay Dios fuera de mí».

El único Dios que te sacará de la esclavitud es YO SOY. Si eres esclavo, asume: «Yo soy libre», y ten el coraje de continuar adorando al único Dios, porque no hay otro. Dios no prometió vida sin riesgo, porque puedes caer de nuevo en tu anterior estado de consciencia. Al pensar que quizá cometiste un error, puedes inclinarte otra vez ante íconos hechos por el hombre e ir a la misa del domingo por la mañana (Éxodo 20:3-5 y Deuteronomio 5:7-9). Entonces, Moisés te guía hacia la Tierra Prometida, pero no puede introducirte en ella. Eso debes hacerlo por ti mismo. Moisés es el patrón en forma germinal que irrumpe como Jesús. Cuando todo lo dicho de Jesucristo en las Escrituras irrumpe en ti, ¡te maravillas al saber que tú eres Él! Que nunca hubo otro. Que el único Dios, y su patrón de salvación, está sepultado en toda la humanidad.

Ahora, o creen o no creen en mi palabra. Depende enteramente de ustedes. Les he dicho lo que vi en la cima de la montaña —el gran Monte Sinaí, donde originalmente las leyes fueron dadas—. Al experimentar aquello que fue visto en el principio, he venido a decirles, mi pueblo, exactamente lo que sucedió, y no lo he alterado. En el estado de Moisés los he sacado de la tierra de Egipto. Y cuando el tiempo de mi partida llegue, yo, un siervo del Señor, moriré y seré sepultado por Dios Mismo. Este es el gran misterio de la semilla. A menos que caiga a tierra y muera, queda sola, pero si muere lleva mucho fruto (Juan 12:24). El patrón, como una semilla, es plantado en la Tierra, llamada Adán. La semilla echará raíces y se desarrollará de acuerdo a su patrón.

La primera irrupción es el despertar; porque, como una semilla, en el instante en que un pequeño brote es visible, sabes que está viva y ha echado raíces. Dios es un dios de vivos, no de muertos (Mateo 22:31-32), así que lo que aparentemente estaba muerto despierta, y el hombre resucita dentro de sí mismo. Al despertar dentro de tu cráneo inmortal, donde estabas sepultado, sales, y las Escrituras se desarrollan ante ti. Un niño, que simboliza tu nacimiento, se hace presente. Tres testigos están allí para cumplir las Escrituras (Mateo 2:1-2). Cinco meses más tarde, el patrón irrumpe de nuevo, y David, frente a ti, te llama «Padre». Lo reconocerás y proclamarás las palabras del segundo Salmo: «Mi hijo eres Tú, / Yo te he engendrado hoy» (Salmos 2:7).

La relación entre tú y tu hijo no se puede describir; sin embargo, no hay duda en cuanto a su identidad o la tuya. La tercera irrupción tiene lugar cuatro meses más tarde, cuando tu cuerpo es partido por un relámpago. (El hermoso himno Rock of Ages [Roca Eterna] lo refiere como una abertura, y dice: Roca eterna, abierta para mí). Cuando el cuerpo es partido, ves luz líquida dorada en su base. Fundiéndote con ella, te conviertes en una serpiente ardiente en espiral, y —como un relámpago— te desenrollas justo en tu cráneo, mientras éste retumba como un trueno. Estos son los tres primeros actos de la revelación de Dios en ti. Luego, después de un período de dos años y nueve meses, el patrón se completa cuando una paloma —el símbolo del Espíritu Santo— da su aprobación, descendiendo y colmándote de afecto.

Incapaz de negar tus visiones, las compartirás con otros, advirtiéndoles que el camino es arriesgado, porque los estás llevando a una nueva tierra, y si te siguen, todos tendrán una experiencia en común: debido a que todos somos diferentes, no habrá dos que experimenten el patrón de manera idéntica, pero todos se reunirán con David. Independientemente del color de tu piel y de tu género, vas a reunirte con un niño rubio y de ojos azules que te llamará «Padre» (1 Samuel 16:11-12). David no busca a un hombre según la carne, sino al Dios que es su Padre, ¡y sabrás que ere tú! Moisés es el patrón de la salvación divina en forma germinal. Después de ver el patrón, Moisés no te introduce en la Tierra Prometida, pero te revela el patrón.

Es Josué quien entra, y Jesús quien se desarrolla como el patrón dentro de ti. Si en el espíritu David te llama «mi Señor», y las Escrituras te dicen que David llamó a Jesús «mi Señor» (Mateo 22:41-45), ¿no eres Jesús? ¿No eres tú aquel que dijo: «Yo soy el Señor que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de los esclavos»?

Quizá tengas un amigo que desea gozar de buena salud. Puedes dársela en el nombre de Dios si lo escuchas en tus pensamientos, y lo oyes decirte que nunca se había sentido mejor. ¿Quién está oyendo las palabras? Yo soy. Eso es el Señor. Responde diciéndole a tu amigo qué bien luce en tu imaginación, y Dios está hablando. Si tu amigo está desempleado, escúchalo decirte que ahora tiene un trabajo maravilloso. Felicítalo y siente la alegría que experimentarías si fuera cierto. Luego pregúntate quién está haciéndolo, y tú, el Señor, dirás: «¡Yo soy!»

Durante todo el día el hombre ejercita su poder creativo, y trae, sin percatarse, confusión a su mundo. Entonces corre a una iglesia y le ora a un dios que no existe, ¡porque el único Dios es YO SOY! No hay otro Dios, y nunca lo ha habido. Practica la ley de la cosecha idéntica yendo a la cumbre de la montaña. Espero que tu ambición sea que las Escrituras se desarrollen dentro de ti, porque eso transcendería cualquier cosa aquí. Pero quizá seas uno de esos que quiere partir de este mundo siendo tan famoso o rico que sus restos reposen en un gran mausoleo, aunque no haya certeza de que la edificación y su contenido perdurarán. Si es así, está bien, pero ahora sabes dónde está sepultado Moisés. A lo largo de los siglos, los hombres han estado buscando a Moisés en el lugar equivocado. Los que piensan que está sepultado afuera buscan en vano, porque Dios lo enterró en el cráneo del hombre.

Al contener el plan de salvación, Moisés revela el patrón que —cuando se desarrolla— salva al hombre. La palabra Jesús significa ‘Jehová salva’. Cuando el patrón se desarrolla, Dios se ha salvado a Sí Mismo. Como una semilla, que desaparece mientras se convierte en lo que contenía, el patrón se desarrolla como el árbol de la vida para llegar a ser uno con Dios, el Padre de la semilla. Toma mi mensaje en serio y reflexiónalo. Enfócate en la esperanza de que el patrón de salvación de Dios irrumpirá en ti mientras estás en esta esfera. Debe irrumpir en ti para que dejes este mundo de pecado y muerte, y entres en la eternidad. Allí serás un rey dentro de ti mismo, creando —no por la razón, sino por la vida que sabes que tú mismo eres—. Allí no serás más un cuerpo animado, sino un espíritu vivificador. Eres Dios mismo.

Cuando leas las Escrituras en el futuro, no pienses en ellas como registros de mitos o historia secular, sino como la gloriosa revelación de Dios como eternos estados de consciencia personificados. Moisés es la personificación de un estado eterno que contiene el patrón perfecto que Dios diseñó con el propósito de salvarse a Sí Mismo. Es Dios quien se hizo hombre para que el hombre pueda hacerse Dios. Al saber que tenía el poder de morir y vencer la muerte, Dios murió. Ahora debe vencer la muerte, y lo hará.

La Historia nos cuenta sobre el gran Imperio romano y el Imperio chino. Estamos en los días en los que el gran Imperio británico se está desvaneciendo. Hubo un tiempo en el que el sol nunca se ocultaba sobre el Imperio británico, y ahora se ha empequeñecido a casi nada. Todo imperio muere con el tiempo. La gente muere, las dinastías se extinguen y todas las grandes fortunas desaparecerán. Tengo entendido que tanto Hughes como Getty* tienen una fortuna personal que sobrepasa los mil millones de dólares. Si sus fortunas fueran invertidas con un seis por ciento de interés, recibirían 175 mil dólares diarios todos los días de la semana. Pero cuando dejen este pequeño segmento del tiempo, no se las llevarán. Así es esta sociedad; entonces, ¿por qué poner tu esperanza en ella? En su lugar, pon tu esperanza en este plan contenido en Moisés, porque sepultado en ti, el plan de Dios irrumpirá, y entrarás en la tierra prometida como Josué, llamado Jesús.

Ahora entremos en el silencio.


(*) Howard Hughes y Jean Paul Getty fueron importantes empresarios de los Estados Unidos. Ambos son reconocidos por haber estado entre los primeros hombres del planeta que acumularon fortunas que sobrepasaron los mil millones de dólares.



Traducido por Luis Natera
La conferencia original en inglés es A STATE CALLED MOSES (Neville Goddard – 04-29-1968)



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jueves, 21 de diciembre de 2017

LA PIEDRA ANGULAR: LA IMAGINACIÓN (Neville - 1 de diciembre de 1959)

Neville Goddard (1 de diciembre de 1959)


LA PIEDRA ANGULAR: LA IMAGINACIÓN



C
reemos que el hombre puede crear todo lo que desee. Creemos que el Universo es infinita respuesta, y quien la causa es únicamente el que percibe. Nada es independiente de la percepción que tengas de ello. Estamos tan entrelazados que somos parte de la máquina, pero a medida que despertamos nos separamos de esta máquina y convertimos la vida en lo que deseamos que sea. «Porque el hombre es Todo Imaginación y Dios es el Hombre, y existe en nosotros y nosotros en Él». «El eterno cuerpo del hombre es La Imaginación, esto es Dios mismo». (William Blake) Tú puedes imaginar, y yo puedo imaginar, y si podemos ser fieles al estado imaginado, este debe aparecer en nuestro mundo. Esto no es nuevo. Fue dado hace siglos, pues lo tenemos en la Biblia; pero las personas no saben cómo leer la Biblia, así que se reunieron y la organizaron en un «ismo». Y no es un ismo, sino que es el grandioso plan para liberar al hombre. La Biblia muestra este plan en detalle. Iremos a algunos pasajes para mostrarte lo que aquellos que la escribieron querían que viéramos.

Isaías 28:16: «Por tanto, el Señor Dios dice así: He aquí Yo pongo por fundamento en Sión una piedra, Piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable. El que crea, no será conturbado». Ahora, se nos dicen en el Libro de los Salmos que el mundo rechazó la piedra: «La piedra que desecharon los edificadores / Ha venido a ser cabeza del ángulo». «Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto»; «Si sobre el fundamento alguno edifica oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca; la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la mostrará» (1 Corintios 3:11-13). Te digo que esta piedra es tu imaginación, y en la Biblia es llamada «Jesucristo», o «Dios», o «el Señor». Es tu Imaginación, que es una con la Imaginación Divina, que crea, sostiene, cambia e incluso destruye partes de la creación. Esta es la piedra que es probada y que es de cimiento estable, y aquel que crea en ella no será conturbado. Si tan sólo puedo imaginar y saber que la imaginación crea la realidad, no estaré impaciente ni llevaré una vida superficial. Cuando un hombre no vive en su imaginación, se impacienta por el resultado que desea, y finalmente se vuelve agresivo en su esfuerzo por conseguir las cosas.

Aquí hay uno que hace la pregunta: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (Mateo 16:13). Algunos dijeron «éste», y otros «aquel», pero de nuevo preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Respondió Jesús y le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mateo 16:15-18).

Las iglesias te dicen que es un hombre llamado Pedro. No es una persona. Todo tiene lugar en la mente del individuo. Imaginas determinado estado, y es llamado Pedro. Si yo fuera un hombre llamado Pedro, no encontrarías lo que encuentras seis versos más adelante. Porque allí se dirige al mismo personaje, Pedro, y le dice: «¡Apártate de mi vista, Satanás! Me eres tropiezo, pues, no piensas lo de Dios sino lo de los hombres» (Mateo 16:23). Eso es lo que hace todo hombre en el mundo: tiene una revelación y entiende que la piedra angular es Imaginar. Ve a un amigo que necesita ayuda e imagina que tiene lo que desea. Si lo cree, no se apresura. Imagina lo que desea y no es agresivo, no está preocupado, y no le da sugerencias al amigo sobre qué hacer físicamente para que su deseo se cumpla. Si la piedra angular es verdadera, solo hay un poder que la respalda. Si lo sabe, no se permitirá desviarse; permanecerá fiel a su asunción. Pero en la Biblia se nos dice que el que había sido elogiado, Pedro, se desvió y se volvió vehemente, y entonces Jesús le dijo: «Apártate de mi vista, Satanás». Regresas a los caminos de los hombres para hacer que las cosas marchen como quieres que marchen. Mueves tus influencias y, por lo tanto, le has dado la espalda al único cimiento que existe, y ese es Jesucristo, que es tu imaginación humana. Si crees esto, no rechazarás la piedra.

«Piedra» [en hebreo] es
ebén, y significa ‘crear’, ‘construir’ o ‘engendrar hijos’. He aquí una piedra en Sión, que significa ‘monte alto’ o ‘lugar inhóspito’. Eso es el hombre antes de que la piedra es sumergida en él. Es el terreno yermo, el desierto. Sumergida en el hombre como su Imaginación, está la única piedra angular, porque no hay otro cimiento del Dios viviente, y Él se ha sumergido en mí. Por lo tanto, yo soy el hijo del Dios viviente, ya que solo hay uno y Yo Soy Él. Si creo esto, no seré impaciente. «El que crea no será conturbado». Este es el camino del Señor. Te pido que lo pruebes. Trae ante el ojo de tu mente lo que deseas ver en este mundo. Puede ser un negocio o la buena fortuna de un amigo. Puede ser cualquier cosa, porque en este cimiento puedes edificar hojarasca, o madera o heno. Construyes heno cuando dices acerca de una persona: «yo sé que él no es bueno». Alguien permanecía en un estado de preocupación por otro, y sucedió, y dijo: «siempre supe que era así». Algunos de nosotros construimos cosas extrañas para otros. Imaginábamos sobre el único cimiento, pero hemos edificado hojarasca, en vez de oro o plata, y el día lo reveló, ¡y después no podemos relacionar lo que sucedió con nada de lo que hemos hecho!

El significado de «piedra» en hebreo es ‘engendrar hijos’. Todos los eventos de mi vida son mis hijos. Todos pueden construir sobre este único cimiento. «He aquí Yo pongo por fundamento en Sión una piedra». ¿Qué piedra? Dios se sepulta en todos en el mundo. Es una piedra verdadera, preciosa, y aquel que crea no se conturbará. He visto un acto imaginal tardar dos años en aparecer, pero cuando apareció, ¡qué gigante! Lo he visto venir en una hora, pero no estés intranquilo, no pienses que hay otro cimiento, ni —como Pedro— vuelvas la mirada a otro cimiento, tornándote agresivo hacia aquellos que llevarían a Jesús a la cruz. Sin embargo, Cristo dijo: «Vine para ir hacia la cruz»; «¡Apártate de mi vista, Satanás! Me eres tropiezo».

Si estoy aún en la máquina, creo que lo bueno viene solo por accidente o por casualidad. Deja que la rueda gire, porque cada quien debe pasar por todos los hornos hasta que despierte y vea el universo entero como respuesta infinita. Vendrá el día en que toda persona hasta cierto punto despierta congele una actividad dentro de sí, y mientras se detiene dentro de él, esa sección completa «muere». Las leyes de la naturaleza son únicamente libre acción, reiteradas hasta que se aceptan como una ley. Pero verás hojas colgando en el aire, y la gente que se mueve en el espacio dejará de moverse, pero no caerán, porque al interrumpir la acción dentro de ti mismo, todo se detendrá. Y verás todo como Sión —el desierto—, y lo único que le da vida es la piedra sepultada en ti. Sin embargo, el hombre se pierde en las cosas que ha hecho y les da poder. Por ejemplo, a través del uso de la imaginación atrae dinero a su mundo, y entonces olvida que fue la actividad de su mente lo que lo provocó, y ve en el dinero mismo el poder de obtener lo que desea. Por otro lado, cuando despierte no se perderá más en su propia creación.

Les digo a todos aquí: solo hay una piedra. Si esta noche hay alguien muy enfermo que necesita tu ayuda, e imaginas lo mejor para esa persona, y luego tienes noticias de que está peor mañana, no te llenes de impaciencia, sino que permanece fiel a la única piedra colocada en Sión. ¿Qué más puedes hacer después de que has imaginado? Alguien te escribe sobre un problema. Imagina para ese alguien lo que desea, y no te distraigas en cualquier otra cosa para hacerlo realidad. Permaneces fiel, y de esa manera se crearán las condiciones necesarias para concluir la obra.

Puedes mirar a alguien con gran preocupación y desear un cambio. No lo expresas en voz alta, sino que lo mantienes en tu interior, y luego, cuarenta y ocho horas más tarde, se inicia lo que pusiste en movimiento. Y la persona se pregunta: «¿podría mi problema tener su origen en fulano de tal?» ¡Exactamente lo mismo que habías estado pensando! Consideraste su problema con gran preocupación, y luego preguntarás: «¿tú me influenciaste a mí o yo te influencié a ti? ¿Cuándo concebiste esta idea?» Y él o ella dirá: «Justamente ahora», y entonces dirás: «hace cuarenta y ocho horas pensé sobre esto, pero no lo dije en voz alta». Eso no importa.
«Todas las cosas, por una ley divina / se funden en el ser de los demás» (Percy Bysshe Shelley). Todos nos influenciamos unos a otros. Todos somos interpenetrados, y mientras más se está preocupado por alguien, más se es penetrado por ese alguien.

Digo que el universo es respuesta infinita, y también te devuelve más de lo que imaginas. La respuesta es apretada y rebosante. Es por esto que ser negativo puede ser aterrador; lo bueno regresará multiplicado por mil, pero también lo negativo. Por otro lado, si soy optimista y no flaqueo, atraeré eso con una medida apretada y rebosante. Es algo maravilloso; llegará como un géiser. El mundo responde con más de lo que recibe, y le da al individuo más de lo que imagina, sea bueno o malo.

Le digo a todo el mundo que el libro de los libros es la Biblia, pero la gente la ha organizado, e incluso dicen que han encontrado los restos de Pedro o de algún otro personaje bíblico. Pedro no es un hombre, sino un estado. Elévate hasta la corona de todo, y eso es Cristo. Los estados son permanentes, pero yo no soy fijo; soy un ser viviente en movimiento. Puedo ser digno de elogio debido a un estado, y luego veo, digamos, un titular por la mañana, y me muevo de ese sólido cimiento, y entonces el poder me reprende como «Satanás», porque reaccioné en vez de actuar. ¿Te gustaría estar en el estado llamado Pedro, al que se hace referencia en Mateo 16? ¿Cómo? Déjame decirte honestamente: «Mi Imaginación es Dios, y no hay otro». Es una con el poder supremo y me permite vivir en ese estado, y luego se me dice: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás». Significa que la profundidad de mi ser me lo está proporcionando. ¿Puedo hacerlo? El día que lo hagas y recuerdes que lo hiciste, en ese momento estás relatando esa historia. Cuando Pedro confesó: «Tú eres el Cristo», esa es la piedra sobre la cual todo descansa, pero cuando él se alejó de ella y reaccionó, fue llamado «Satanás», o el que reacciona.

Dios está engendrando hijos por medio de la piedra. Él se sepulta en todos los hombres, pero es rechazado. Puedo decirte estas cosas aquí, pero si las dijera al aire, sería interrumpido inmediatamente. La gente no puede creer que es responsable por sus actos imaginales. No quiere creerlo. No puedo ser libre del resultado de lo que imagino. Sal con la determinación de probarlo, y después de probarlo, mantén la piedra viva. No hay otra piedra. «Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo», si bien sobre él puedes construir cualquier cosa (pero construye oro, no heno ni hojarasca). Yo deseo que todos aquí lo pongan a prueba. Toma a alguien que esté realmente afligido, y si crees en el cimiento, te irás esta noche de aquí sin ninguna preocupación por esa persona, incluso si recibes comunicación de que las cosas están peor. Podría tomar una semana o un mes, pero aquello que has imaginado, si te mantienes fiel a la piedra, sucederá.

He visto a un hombre mirar a un edificio, que es algo inanimado, y dirás que no podría responder. ¿Cómo puede mirarlo y ver su nombre sobre él sin tener un centavo? Pero lo hizo. Conozco al hombre, y, en una forma en la que no podía prever, el edificio fue suyo. No dejes que nadie te diga que algo no puede responder. Lo que sucede es que cuando somos parte de la máquina, no podemos ver claramente que somos la causa de todo en nuestro mundo, y esperamos que la buena fortuna nos sonría. Entonces, cuando pones algo malo en movimiento, mientras la máquina rueda, no puedes ver qué lo causó, pero cuando despiertas, puedes controlar la máquina. Ella responde a los actos imaginales del hombre despierto, pues él está en control.

Te espera una emoción cuando puedas finalmente detener toda actividad y todo se congele. Sabrás lo que los llamados sabios dicen, pero escucharás solo estas palabras: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la Tierra, porque escondiste estas cosas de sabios y entendidos, y las revelaste a los niños» (Mateo 11:25). Porque sabrás que el que percibe es quien le da vida a todo. Pues, encontrarás que nada es independiente de la mente del que percibe. Un maestro verdaderamente despierto podría congelar ciertas secciones para la edificación de sus estudiantes, si así lo deseara. Por ley natural, todo moriría si hubiera una suspensión de actividad; pero no muere, porque no hay nada fuera de tu percepción. Toma a tu jefe o a un empleado, y represéntalos ante ti como quieres que sean, y cree en la realidad de la piedra angular, y entonces no habrá inquietud ni impaciencia en ti por realizarlo. Pues la Imaginación está creando la realidad, y en una forma que nadie conoce, se realizará si permaneces fiel a la piedra angular. No importa quién seas o lo que poseas. El hombre que no puede siempre firmar un cheque para realizar un sueño está en mejor situación, porque está más despierto, ya que debe usar el talento que Dios le dio, que es Dios mismo. Si puedo siempre ejercer presión sobre alguien para obtener lo que quiero, nunca sabré que soy esta máquina. Pero si tengo que hacerlo todo dentro de mí mismo, entonces, lo sé.

Esta noche me contaron una historia de un hombre que había perdido a su esposa en el cumpleaños de su hijo, y llevaron al niño a San Luis para que fuera criado por la hermana de la esposa. Este hombre había tratado por siete años de salir adelante para hacer un viaje a San Luis y ver al niño. Trataba constantemente de imaginarse consiguiendo un trabajo mejor remunerado para poder hacer el viaje. Se le dijo que, si quería usar correctamente la ley, únicamente debería visualizarse con su niño, y dejarle el camino libre a Dios. Así hizo, y consiguió un trabajo que lo llevó de Los Ángeles a Nueva Orleans. Pero no estaba cerca de San Luis. Tomó el trabajo y persistió en su sueño, y en tres meses fue transferido y llevado a San Luis, y le dieron un permiso de veinticuatro horas cada semana.

Lo mejor que alguna vez me sucedió fue cuando me despidieron de Macy’s durante los años de la depresión. Podría haber sido capitán de los ascensoristas si me hubiese quedado allí. Mi padre perdió todo lo que tenía, y eso resultó ser el comienzo del gran sueño que hizo realidad. Una persona creyó en él, y empezó con eso, y cuando se retiró el pasado mes de octubre, le había dado a su comunidad más de lo que nadie jamás le dio. El día más negro de su vida se convirtió en el día más venturoso de su vida. Independientemente de lo que hayas hecho, olvídalo. Eres Dios y Dios no tiene tacha, porque es todo imaginación.

Ahora, empieza a imaginar, y conviértelo en algo de lo que puedas estar orgulloso. Hazlo en grande. Si es realmente la piedra que está puesta en Sión, no pongas tu atención en ningún argumento del hombre. Sé fiel, y cualquier cosa que pongas sobre la piedra como una actividad imaginal entrará en tu mundo. Por supuesto, puedes regresar al mundo de los hombres, como Pedro. Él negó la piedra tres veces, y aun así, volvió a ella de nuevo. Puedes hacer eso, pero al final aprenderás, ya que en la profundidad de tu ser las palabras están siendo dichas: «¡Apártate de mi vista, Satanás!». Sin embargo, he visto a gente olvidar. Los he visto elevarse de la nada a grandes alturas, y luego dicen: «de todas formas, hubiera sucedido». No creen que su actividad imaginal fue el cimiento sobre el cual construyeron esa estructura. Solo hay una piedra, y esa es tu maravillosa imaginación.

Ella funciona mejor si no tratas de ayudarla desde afuera, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino Cristo.

Ahora entremos en el silencio
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Traducido por Luis Natera
La conferencia original en inglés es THE FOUNDATION STONE – IMAGINATION (Neville Goddard – 12-01-1959)



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lunes, 20 de noviembre de 2017

AUTOABANDONO (Neville - 1 de junio de 1970)

Neville Goddard (1 de junio de 1970)


AUTOABANDONO



Semana tras semana, cuando ocupo este estrado, sé lo que quiero decir. Se trata simplemente de encontrar cómo decirlo, de manera que sea inteligible, porque estamos ocupándonos de un misterio. No es algo que puedas explicar en detalle y decir: «Listo, esto es todo».

Es algo único, el más fantástico misterio en el mundo. Para mí, el experimentar las Escrituras, el experimentar el plan de salvación de Dios, es mi interpretación del propósito supremo de la vida. Estoy firmemente convencido de ello. Estoy firmemente convencido de que las raíces de nuestro «ser» tienen su principio en Dios, y que Dios se desarrolla creativamente en nosotros.

Cuando afirmo eso, me diferencio de aquello que está siendo transformado, o sea, el hombre. Pues, la metamorfosis es el tema de la Biblia. Esto es, la completa transformación del hombre en Dios. Cuando hago una afirmación como la que acabo de hacer, parece que este es el hombre (tú y yo somos el hombre) siendo transformados por un medio diferente a nosotros mismos, y eso no es, en absoluto, lo que quiero decir. Pero el hombre está tan condicionado a creer que es un pequeño gusano, que lo abordas desde ese punto de vista. Tú y yo somos el Dios que está transformando al hombre «a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza».

Sin embargo, si dijera eso a una gran multitud, el telón bajaría y no escucharían más una sola palabra que tuviera que decir. Pero tú y yo nos armamos de valor. Fuimos los «hijos de Dios», juntos haciendo a Dios, porque «Dios» es una palabra en plural. La palabra es «Elohim».

«En principio* Dios […]» (Génesis 1:1). La palabra es «Elohim», que es plural. «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Génesis 1:26). Es la misma palabra, «Elohim». Es una unidad compuesta, uno constituido por otros.

En Deuteronomio se nos dice: «el Altísimo trazó las fronteras a los pueblos según el número de los hijos de Dios» (Deuteronomio 32:8). Ningún niño nace, a menos que Dios ocupe ese pequeño templo. Estos son los dioses que bajaron. Tú y yo somos los dioses que bajaron. Estamos transformando estas identidades, a estos hombres y mujeres, con los cuales estamos identificados, conforme a nuestra semejanza, en vez de estar siendo transformados por algo diferente a nosotros. Somos los dioses que bajaron; y cuando despertamos somos los dioses de los cuales se habla en el mismo principio.

«En un principio creó Dios», o Elohim, plural, los dioses, «los cielos y la tierra» (Génesis 1:1), como crear un teatro para la exposición de su fuerza y sus poderes creativos. «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen»; entonces, bajamos y nos vestimos con este ropaje.

No estamos fingiendo. Nos abandonamos por completo a este ropaje. El secreto es el autoabandono. ¡Nunca habrías hecho nada que no hubieses amado! ¡Nunca! Y tanto lo amamos; y así, habiéndolo amado, nos comprometimos con el objeto de nuestro amor, y, verdaderamente, nos convertimos en él. El autoencargo es el secreto.

Se nos dice: «Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos amados» (Efesios 5:1). En este mundo, hemos olvidados quiénes somos. Ahora viene la revelación: «Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos amados». Así como Cristo nos amó y se dio a sí mismo por nosotros, entonces, imita eso. Pero en este nivel, siento que soy Neville. Sin embargo, sé, por experiencia, que soy Ese que se convirtió en Neville para transformar esta identidad en mi propio Ser, el Ser que fue, que no tiene comienzo; y hubo un plan que establecí dentro de mí mismo cuando me sepulté en este ser llamado «Neville». Esto es cierto para todo el mundo.

Ahora escucha esto cuidadosamente. Es el primer capítulo de Efesios. Voy a citar cuatro versículos. Los encontrarás dentro de los diez primeros, así que he omitido algunos porque no son necesarios para lo que quiero transmitir. «Dios […] nos escogió en Él antes de la fundación del mundo» (Efesios 1:3-4); «habiéndonos predestinado en amor […] por medio de Jesús el Cristo, según la complacencia de su voluntad (Efesios 1:5) […] [se propuso en sí mismo,] de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos» (Efesios 1:9-10).

Escúchalo cuidadosamente. Ve a casa y léelo, en el primer capítulo, y dentro del primer capítulo, creo que son los versículos 4, 5, 9 y 10, en Efesios. «Dios nos escogió en Él antes de la fundación del mundo». Entonces, vemos que la salvación del hombre no es una idea posterior del Creador. Es anterior a ese proceso histórico. Mucho antes de que esto cobrara vida y se convirtiera en Historia —Historia humana—, esta decisión había sido hecha. Así que nuestra aptitud es la consecuencia, no la condición, de Su elección.

Entonces, aquí, como Neville, yo, el verdadero Ser, escojo a Neville. Voy a «interpretar» a Neville. Tú escoges al ser por el que te has decidido, bajamos hasta acá y le damos vida a este proceso histórico. Somos los dioses que tomaron la decisión. Nos identificamos con este ropaje; estamos transformándolos en Nosotros mismos.

Eso es algo que el mundo rechaza. Lo aborrece porque no entienden que el hombre no puede hacer nada para salvarse a sí mismo. No hay absolutamente nada que el hombre, como hombre, pueda hacer. Es Dios, que está sepultado dentro del hombre, quien lo hace. Como se nos dice en la Carta a los Filipenses: «el que comenzó en vosotros la buena obra la seguirá perfeccionando hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6). El «día de Jesucristo» es el develamiento de este plan en ti, porque Jesucristo es en ti.

«Cristo en ti es la esperanza de gloria» (Colosenses 1:27). Si Él no estuviera en ti, entonces serías un cuerpo sin vida por siempre y para siempre; pero los dioses bajaron, y son necesarios todos los dioses, llamados «los hijos de Dios», para formar a Dios. El Uno se fragmentó en muchos. Uno cayó conteniéndonos a todos. Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo. ¿Lo entiendes? Antes de que hubiese un mundo, nosotros éramos. Nosotros somos los dioses. Somos en el Único Ser, que es conocido en la Escrituras como Dios; y bajamos con un propósito: expandir nuestra propia creatividad, y lo hacemos al sepultarnos en la humanidad.

Ahora, la crucifixión es o bien una demostración del más terrible fracaso en el mundo, o el mayor éxito en el mundo. Ha sido probado que la semilla que cayó (que es llamada la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios es Dios) es Dios mismo.

«En principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y Dios era la Palabra» (Juan 1:1).

La Palabra fue la semilla que cayó en la humanidad. Es llamada la Crucifixión. Bien, resucitó y continúa resucitando porque todos los hijos resucitarán. Ninguno fracasará. Si uno solo falla, habría que dejar a todos atrás e ir en busca de ese, porque el que está faltando completa al Uno, al que es «un solo cuerpo y un solo Espíritu […] Un solo Señor, […] un solo Dios y Padre de todos» (Efesios 4:4-6).

Así que noche tras noche, mientras ocupo este estrado, sé exactamente qué quiero decir, y mi problema es cómo decirlo, de manera que sea inteligible, que sea entendible para los que me escuchan. Porque el hombre ha sido condicionado a creer que es una pequeña y ridícula cosa que ha pecado en el mundo; y, habiendo pecado, debe hacer todo tipo de penitencia para redimirse. El hombre no puede redimirse. Es Dios el que baja, y por medio Su crucifixión, que es la sepultura en el hombre, Dios demuestra Su poder creativo, que puede «morir» y resucitar otra vez. De esa manera, «muere» en el hombre.

«Con Cristo he sido juntamente crucificado» (Gálatas 2:19), dijo Pablo. «Y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20).

Entonces, ese Hijo de Dios es en ti. Dices: «YO SOY». Eso es Él. Eso es el Hijo de Dios. Pero amaste tanto al objeto al que te entregaste, que te abandonas completamente, te vacías de tu Divinidad y te sepultas en el objeto de tu amor; y lo vas a transformar en tu mismo Ser, que es Dios.

Cuando lo transformas, eres el mismo Dios, solo que te has expandido más allá de ese momento en la Eternidad, cuando te aventuraste en este experimento, convirtiéndote en tu propia creación.

Así que en el mundo del César «sed imitadores de Dios, como hijos amados». Así como Cristo nos amó, y se entregó a nosotros, entonces, imita eso. ¿Te gusta el dinero? No hay nada de malo en ello. ¿Te encanta la fama? No hay nada de malo con eso. ¿Amas estar físicamente sano? ¡No tiene nada de malo! Pero enamórate de eso. Si te enamoras de eso, debes hacer lo mismo que Dios hizo en un principio, y tú eres ese Dios de quien hablo, que amó tanto al objeto que eres, cuando lo ves reflejado, que se abandonó. Sin restricción alguna. ¡Un completo abandono del Ser al objeto de su amor! Porque si no hay un objeto amoroso, si no hay a quién amar, ¿qué es el amor?

Debe haber un amado o una amada para demostrar el amor, y tú también tienes un objeto: tu emanación, que no es más que tu «esposa» —no tu esposa física—; el cuerpo es tu emanación. Esa es tu esposa «hasta que el sueño de muerte se termine» (Jerusalem: The Emanation of the Giant Albion – William Blake).

Y lo amaste tanto. Vas a transformarlo en lo más hermoso y perfecto del mundo, que es como tú, que es perfecto. Así que «nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él» (Efesios 1:4). Eso es lo que se nos dice: Él me escogió.

Bien, ¿quién es «Él»? Yo soy Él, pero para llegar a ser yo, Él tiene que olvidar que yo soy Él, y piensa que es Neville. Tiene que olvidar. Me escogió «en Él antes de la fundación del mundo», pero ahora, yo soy El Uno que olvidó y se convirtió en Neville.

Cuando despierto, sé que yo era «antes de la fundación del mundo». Pero ahora traigo a Neville conmigo, y ahora tengo un aspecto más de mi ser proteico. Tengo otro ser al cual redimiré. Me enamoré de él y lo traje de vuelta; y ahora soy el ser proteico, para que pueda ver a otros, y permitir que los otros me vean como Neville. Así que me ven como Neville, pero ¿realmente me ven? Me ven como Neville cuando me ven revestido de Poder, de Sabiduría, o quizá de Amor: y me verán porque amé tanto a Neville que le entregué mi Ser, y lo ascendí al nivel de mi propio Ser antes de descender hasta él y sepultar mi Ser en él.

Así que cuando trato, noche tras noche de decirlo, dudo porque me pregunto si está tan claro como quiero hacerlo ver. Sé lo que quiero decir, pero ¿cómo decirlo de manera que sea entendido, que sea inteligible? Porque tienes que pasar por todas las ideas preconcebidas y equivocadas que el hombre tiene con respecto a las Escrituras. Y de esta manera digo que experimentar las Escrituras, experimentar el plan de salvación de Dios, es realmente todo el propósito de la vida.

Sin embargo, mientras estamos aquí, podemos ser todo lo que deseemos ser; y el Ser dentro de nosotros, que es nuestro verdadero Ser, lo permite y nos acompañará a lo largo del papel, e interpretará todo. Pero le estoy hablando al Dios en ti, el Dios de las Escrituras, cuyo nombre es Elohim, o Jehová, o el Señor Jesucristo. Es el mismo Ser que está sepultado en ti. Está verdaderamente sepultado en ti.

Y ese Ser resucitará.

«Enséñame, oh, Espíritu Santo, ¡el testimonio de Jesús! Permíteme / comprender las maravillas de la Ley Divina». (Jerusalem: The Emanation of the Giant Albion – William Blake)

Entonces, relata la historia del Dios que se convirtió en hombre para que el hombre pueda convertirse en Dios. Y, entonces, se nos dice la historia de una manera muy sencilla, porque: «La verdad que se encarna en un cuento / Entrará por muy modestas puertas» (In Memoriam A.H.H. by Lord Alfred Tennyson).

Así que lo relatas como el más sencillo de los cuentos que puedas imaginar. Desde el mismo principio relatas la historia. «La verdad que se encarna en un cuento / Entrará por muy modestas puertas».

Mi madre me coloca en sus rodillas y me cuenta la historia de Jesús: No tuvo padre, pero un día afirmó que él era el Padre. Ella no entendía eso, ni yo tampoco. No tuvo padre, ¡pero afirmó que él era el Padre! «Yo y mi Padre somos uno» (Juan 10:30).

También me contó que había tenido un nacimiento milagroso. No fue como cualquier nacimiento en el mundo, fue distinto; y luego me contó que él dijo que a menos que nazcamos de manera similar, pues, dijo: «Yo soy de arriba» (Juan 8:23), que había «nacido de arriba»; y que el que no nazca de arriba no puede entrar en el reino de los cielos (Juan 3:3). Luego dijo que «entre los nacidos de mujeres, no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista, pero el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él» (Mateo 11:11); por lo tanto, ¡Juan el Bautista no puede estar en el reino de los cielos si el más pequeño es mayor que él!

Sin importar cuán pequeño llegue a ser, el menor es mayor [que Juan el Bautista], así que él no puede entrar en el reino de los cielos. Mi madre no lo entendía más que yo cuando me lo contó. Luego me dijo que David, en el espíritu, lo llamó «mi Señor». Ella no entendía eso, y yo tampoco. Y entonces me dijo que se identificó a sí mismo como el Hijo del Hombre, y que luego el Hijo del Hombre se asemejó a una serpiente ardiente, y que a menos que el Hijo del Hombre sea levantado, de la misma manera en que la serpiente ardiente fue levantada, no puede entrar en el reino de los cielos (Juan 3:14).

Me contó que cuando fue bautizado, una paloma descendió y permaneció sobre él (Juan 2:32), y el hombre externo lo supo. Ese hombre externo fue llamado Juan, y lo supo porque le fue revelado que aquel en quien la paloma descendiera y permaneciera sería el Hijo de Dios, el que bajó del cielo, «Porque nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo: el Hijo del Hombre» (Juan 3:13).

Todo esto era un misterio, pero también una adorable historia que estimuló la mente del niño, y, de esa manera, permaneció contigo. Es algo que está por completo dentro de ti. Y luego viene con esta increíble precipitación. Cuando menos los esperas, todo sucede en ti.

Volvemos a Efesios: «Él lo estableció como un propósito en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo» (Efesios 1:9-10). Lo estableció en Cristo. ¿En Cristo? Sí, y Cristo es en ti (Juan 14:20). Dios mismo descendió en el hombre, y estableció su plan de redención en Cristo. De manera que «en Cristo» es «en el hombre». Ahora tiene que desarrollarse en el hombre. Se desarrolló en mí, y comprendí que «Yo soy Él», el que bajó, porque nadie puede subir, a menos que primero baje. Bien, habiendo subido como lo hizo la serpiente ardiente, entonces debo haber sido el que descendió. Pero cuando subí, lo hice sin la pérdida de la identidad de Neville, así que bajé y redimí a un ser llamado Neville.

Bajas y, de tal manera, te identificas con el ser que crees que eres, que cuando subes llevas a aquel que has redimido contigo. Lo expones a tus hermanos, porque todos están esperando por la exposición de tu acto de fe. Pues, la fe es autoencargo absoluto. No puedo comprometerme con lo que no amo, porque Dios es Amor. Así que lo amé, y perdí toda la consciencia del Ser que realmente soy en mi autoencargo con el objeto de mi amor.

Y luego pasé por el «infierno», al igual que todos, pero como dijo Pablo: «Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que va a ser revelada en nosotros» (Romanos 8:18). ¿Cuál gloria? La única gloria es la gloria de Dios, así que el clamor de aquel que ha cumplido el cometido es este (capítulo diecisiete de Juan): «He terminado la obra que me encomendaste que hiciera. Y ahora, Padre, glorifícame Tú conmigo mismo, glorifícame con Tu Propio Ser». «Vuelva hacia mí la gloria que era mía, la gloria que tenía contigo antes que el mundo fuera» (Juan 17:4-5).

Ahora trae la gloria que cedí, por el objeto de mi amor, en mi autoencargo. Que vuelva ahora, para que recupere, individualizado, un ropaje que pueda usar en la Eternidad. Éste estaba «muerto», y yo, como la semilla que cayó a tierra y murió (Juan 12:24), revelando el gran secreto, el misterio de la vida a través de la muerte, entonces, «morí». Morí cuando me convertí en esto (Neville señala su cuerpo), y luego sufrí todo el infierno del mundo.

Y, entonces, el diseño, que yo contenía, se desplegó dentro mí. De manera que Él ha manifestado en mí el misterio de Su voluntad, conforme a Su plan, que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo (Efesios 1:9-10). Entonces, Él lo estableció en Cristo como el plan. Bien, ese plan es Jesucristo sepultado en el hombre. Es un diseño, el diseño «Hombre».

¿Cómo decirle al mundo que Jesucristo es el diseño de salvación sepultado en el hombre, cuando al hombre se le ha enseñado a creer que Jesucristo es un pequeño hombre que caminó hace dos mil años? Y entonces desapareció, después de contar la historia, para regresar a este mundo físicamente para que los ojos físicos lo vieran viniendo desde afuera. Eso es lo que se le ha enseñado al mundo. Pero eso es: «La verdad que se encarna en un cuento / Entrará por muy modestas puertas».

Porque si se dijera como lo he dicho esta noche, el mundo no lo entendería. Se horrorizarían más allá de lo imaginable al escuchar lo que has escuchado esta noche. No lo aceptarían. Creen en un pequeño y externo salvador que vino hace dos mil años, y que prometió regresar. Y los enormes maestros de hoy («enormes» en el sentido de la cantidad, pero no en entendimiento) esperan verlo venir desde afuera.

No puede venir desde afuera, porque está sepultado en nosotros. Solo puede venir cuando despierte dentro de nosotros. Ese diseño es el de una semilla. Pero esta es la Semilla de Dios, la Palabra de Dios, enterrada en el hombre. Se desarrolla dentro del hombre, y cuando lo hace, todo lo que se dice de Jesucristo lo experimenta el individuo en quien se desarrolla, en primera persona, en singular y en tiempo presente. Entonces él sabe quién es Dios.

Él siempre fue Dios, quien se vació en Sí mismo y asumió la forma de hombre: «y hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo al hacerse obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:8) de hombre, y fue hecho esclavo en ese estado. Pero al final, el cumple su propósito, y entonces se le da el nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla, y toda lengua confiese que Jesús es el Señor para la gloria de todos (Filipenses 2:9-11).

Bien, ¿quién es ese Jesús? Él es en ti. Así que cuando ciertamente efectúas y completas el trabajo que asumiste, llevas el nombre de Jesús. Solo hay un Señor. Todos regresamos, diseminados como estamos, como un solo Señor, un solo Dios, un solo Padre de todos: «un solo cuerpo, un solo espíritu» (no como muchos), y, sin embargo, sin pérdida de identidad.

Permíteme llevarte conmigo a una experiencia real, hace dos días: Heme aquí, en la superficie de mi ser. Sé exactamente qué estoy haciendo, ¡y soy Espíritu! Y aquí está todo este vasto mundo, y el mundo está «muerto», simplemente muerto, pero no puedo moverlo, a menos que baje hasta él. Bajo hasta él, pero ahora con el recuerdo de haber «nacido de arriba», al bajar puedo cambiarlo. Antes de haber «nacido de arriba», pierdes toda consciencia del Ser que eres, que vino de arriba, y regresas noche tras noche al «ropaje», y eres simplemente uno más de la multitud, perdido. Pero ahora, después del «nacimiento de arriba», después de que empiezas a crecer en estatura, en favor de los dioses que te precedieron en un idéntico, similar «nacimiento», el recuerdo ahora permanece, pues en la mañana regresas de tu unión con los hermanos. Regresas y lo ves tal como es. Todo está «muerto». Pero ahora no pierdes la consciencia, como hacías antes del «nacimiento de arriba». Así que bajas. Puedes cambiarlo si lo deseas. Pero ¿por qué cambiarlo?

Escucha estas palabras de Blake cuando dejó este mundo; aunque Blake «nació de arriba» bastante antes de haber dejado este mundo. En un libro llamado «Mirando Cuadros Modernos» hay un capítulo sobre Max Beckmann, considerado un gran artista contemporáneo de la pintura moderna. Él dijo que conoció a Blake en este mundo supra terrestre, y allí estaba un hombre gigante, como un ser sobrenatural, y lo saludó a la distancia y me dijo a mí: «Retrocede. Confía en los objetos. No te dejes intimidar por el horror del mundo. Todo está en orden y es correcto, y debe cumplir su destino para lograr la perfección. Sigue este camino y obtendrás, por tu propio yo, una percepción cada vez más profunda de las bellezas eternas de la creación. También obtendrás una liberación cada vez mayor de todo lo que ahora te parece tan triste y terrible». Todo está en orden. Todo va hacia la perfección que tú determinaste provocar cuando te vaciaste de Dios y te convertiste en el ser que eres hoy. Y despertarás de todo esto, y regresarás a la gloria que era tuya «antes de que el mundo fuera», solo que magnificada, en comparación con lo que era, por tu aventura en este mundo de «muerte».

Este fue el límite de la contracción y la opacidad, y tú lo asumiste. Ahora no hay límites para la expansión, para la translucidez que recuerdas. Así que todos retornamos a los Seres que éramos «antes de que el mundo fuera». Cuando leemos: «Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo», nosotros éramos los «dioses». Éramos los «hijos de Dios» que, colectivamente, constituyen a Dios.

Esta maravillosa confesión de la fe hebrea es la mayor en el mundo: «Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es» (Deuteronomio 6:4).

Jehová, que es simplemente «Yo Soy», se traduce como «el Señor» (Adonaí), y aquí «nuestro Dios» es en plural, «Elohim». Somos los «dioses»; pero juntos somos «Adonaí» —Uno—. Entonces, hace falta el Uno hecho de muchos para caer, el Dios Uno que es la confesión, la Shemá de Israel: «Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es».

Nunca lo olvides. Ningún pequeño hombre, ninguna pequeña imagen ante los cuales estar ni adorar. Todo está «muerto», y los hombres convierten en ídolos a hombres. Entonces, alguien tiene dinero, o es un tirano: un Lenin, digamos. Así que hacen una imagen de Lenin, y todos los días miles de personas pasan caminando por donde está esta absurda y pequeña cosa que mantienen a la vista. Hoy leí la declaración de Buckley fechada en Leningrado. Antes era San Petersburgo. Era la Plaza de Pedro, la misma plaza. Ahora es Leningrado, y ahí está esa pequeña cosa momificada, y un amigo de él que caminaba por donde estaba esta pequeña cosa momificada tenía la mano en el bolsillo, y un guardia, de la manera más impresionante, le dice:

—Sáquese la mano del bolsillo. Está pasando por tierra santa. Aquí está la palabra hecha carne, y habitó entre nosotros.

Y la forma como lidió con ello fue perfectamente maravillosa, la forma en que trató este tan absurdo concepto de adoración a esta pequeña cosa que tuvieron que recoger y reconstruir hace unos pocos años, porque el tiempo se hace sentir, y estaba desintegrándose. Y este es su pequeño ícono que adoran.

Vean el artículo** de Los Angeles Times. Te digo que el único Dios en el mundo eres tú. No hay otro Dios. Un día lo sabrás. Un día te desplegarás dentro de ti. Lee la historia con detenimiento, porque cuando Él se despliegue en ti, todo lo dicho sobre Él en las Escrituras lo experimentarás en primera persona del singular, y en tiempo presente. Y Su único Hijo, que es simplemente la personificación de todas las experiencias que alguna vez has tenido como hombre. Así que toma todas las experiencias del hombre y todo lo que el hombre podría alguna vez experimentar, fúndelas en un solo conjunto, personifica ese todo, y el resultado es David, el David de las Escrituras, el gran salmista. Eso es David. Está ante ti, y te llama «mi Señor». Te llama «Padre mío».

Ese es el único hijo de Dios, que es una personificación de la suma total de todas las experiencias de la humanidad. Así que cuando, interpretando el papel que te ha tocado, has pasado por todo el abanico de posibilidades que el hombre puede experimentar, al final, despiertas, y, entonces, la suma total de las experiencias se funde y es personificada y se presenta ante ti. Y es ese glorioso y hermoso joven, David, y te llama «Padre mío», «mi Señor», y, en lo que a ti respecta, la obra termina.

Entonces, te unes a los hermanos que conociste antes de que el mundo fuera, y contemplas el mundo de la muerte. Te conviertes en uno de aquellos que, en la gran Eternidad, contemplan la muerte, y también dices: «Lo que parece Ser Existe para quienes / parece ser y es causa de las más horrorosas / Consecuencias para quienes parece Ser, incluso de / Tormentos, Desesperación, Muerte Eterna; pero la Misericordia Divina / Va más allá y Redime al Hombre en el Cuerpo de Jesús» (Jerusalem: The Emanation of the Giant Albion – William Blake), que es Jehová.

Hay solo «Un solo cuerpo, un solo espíritu, un solo Señor, un solo Dios y Padre de todos».

Al final, todos son redimidos, pero el hombre, como hombre, no puede redimirse a sí mismo. Es Dios en el hombre el que hace la obra. «El que comenzó en vosotros la buena obra, la seguirá perfeccionando» (Filipenses 1:6) hasta la revelación de Dios en ti como tu mismo ser. Así que mi problema, noche tras noche, es encontrar las palabras para decírtelo. Sé lo que quiero decir, pero el problema es cómo decírtelo, cómo decirlo de manera que sea entendido, que sea inteligible, porque siempre debes tener en cuenta que enfrentas una audiencia que puede no estar preparada para el impacto, ya que es un impacto para la mente del humano que les digan quiénes son. Preferirían depender de algo externo a ellos y orarle; así que van a la iglesia y prenden una vela, se inclinan ante un pequeño crucifijo o una pequeña estrella hecha por el hombre, y hacen todas estas cosas en lo exterior, pero ninguno tiene confianza en sí mismo, y el Ser del hombre es Dios. Esa maravillosa imaginación humana tuya, eso es el Dios Eterno.

Esta noche te digo que nuestras raíces están en Dios, y Dios mismo se despliega dentro de nosotros. Podría haber dicho: «Nuestras raíces están en la Imaginación Divina, y la Imaginación Divina se despliega dentro de nosotros», pero no importa. Personalmente me gusta la palabra «Dios», pero yo no lo coloco en el exterior, como algo para adorar. El mundo lo aceptará más fácilmente si digo «Dios», en vez de «Imaginación Divina». Así que no lo dije al principio de la conferencia; ahora la expongo ante ti. Únicamente cuando imaginas, eso es Dios creando. Y «todas las cosas son posible para Dios» (Mateo 19:26). Entonces, comienza a imaginar. Eso es Dios, Dios en acción. Pero cree en la realidad del acto imaginal.

Imagina que eres lo que la razón y los sentidos niegan, pero imagínalo. Dios tuvo que abandonarse por completo en forma de hombre para creerse hombre. ¿Sabes lo que es eso? ¿El Ser que realmente eres? Pues, te digo, cuando regresas después del «nacimiento de arriba», y te das cuenta de que eres Espíritu, quiero decir Espíritu, pero más real que cualquier cosa en el completo y vasto mundo reunido, pero eres Espíritu, y eres más real que cualquier objeto en el espacio o que todos los objetos en el espacio.

Sin embargo, bajar antes del nacimiento es olvidarte de ti mismo como Espíritu. Dios es Espíritu, y lo haces después del nacimiento, sin pérdida de identidad. Es lo maravilloso de ello: cuando bajas al mundo y retomas el ropaje que está en la cama, y normalmente lo bañas, y afeitas, y alimentas y haces todas las cosas corrientes con él, pero sabes que es un ropaje. Y sabes que has extraído de él una identidad determinada, la cual traes de vuelta como Espíritu, porque el cuerpo será puesto en el horno y desechado. Simplemente será reducido a las cenizas que es, pero has extraído de él una determinada identidad, y llevas de vuelta tu logro a la Hermandad. Bajaste y moriste como hombre, y ahora vuelves trayendo de vuelta la identidad del hombre que vestiste a través de las edades. ¡Lo traes de vuelta! Y eres recibido con júbilo, porque lograste lo que te propusiste.

Y la voluntad de Dios no regresará hasta que Él haya ejecutado y cumplido los propósitos de Su mente. Durante los siguientes días lo entiendes perfectamente, solo en los próximos días.

Entonces, «los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que va a ser revelada en nosotros» (Romanos 8:18) por aquellos a quienes Él antes escogió (Romanos 8:29), y Él escogió a todos los hijos. Todos somos los hijos. Independientemente de tu sexo, somos los hijos, porque en la Resurrección estamos por arriba de la organización de los sexos. No somos ni machos ni hembras. Somos Dios. «Porque a los que antes escogió, también los predestinó […]», y «a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó» (Romanos 8:30). Así que, sin importar lo que hayas hecho como hombre, recibirás la justificación —en otras palabras, la absolución divina—, la completa absolución, independientemente de lo que hayas hecho. Si has interpretado el papel de un Hitler o un Stalin, o cualquier otro monstruo, serás absuelto.

En este nivel quieres que todos ellos sufran, pero tus hermanos, sabiendo el papel que interpretaste, no quieren que sufras. Quieren que despiertes del sueño de ser un Hitler, del sueño de ser un Stalin o cualquier otro horrible personaje del mundo. Y cuando vienes delante de Él, habiendo sido llamado, eso es la justificación.

La «justificación» en las Escrituras no es más que la absolución divina, y después de la justificación viene la glorificación, que es el regalo de Dios de Sí mismo para ti. ¡Entonces eres Dios Padre! ¡Y todos los hijos reunidos forman a Dios Padre!


(*) En la mayoría de las Biblias está escrito: «En el principio»; sin embargo, en el texto masorético no se registra el artículo, dejándose indefinido el tiempo de la Creación. (N. del T.)

(**) El artículo en cuestión es el siguiente:

LOS ANGELES TIMES
Lunes 1 de junio de 1970
Dos Tumbas en Rusia: Un triste contraste
Por William F. Buckley Jr.


Leningrado – Todo el mundo sabe que Rusia es una tierra de paradojas, pero pocos se imaginan el esmero que los comunistas ponen para ocultarlas.

En el camino a Zargosk [actual Sérguiev Posad], el hogar espiritual de la vieja Rusia, pasas por un espléndido monumento, un elegante, suavemente arqueado arco de titanio que termina, con 23 metros de altura [Sic. ], en un misil, el primero en orbitar la Tierra: una espléndida conmemoración de un logro científico extraordinario que requirió de ingentes recursos.

Unas pocas millas más adelante por el mismo camino, te percatas de que un hidrante central surte de agua a las aldeas aledañas. No hay agua corriente a 25 km de la capital del país que puso en órbita el primer satélite.

En Zargosk puedes visitar el monasterio de San Sergio, el santo patrón de Rusia. Aquí está uno de los tres seminarios que han sobrevivido en la Unión Soviética. Estuvieron cerrados por un tiempo, y entonces, después de la guerra, se permitió que ocho reabrieran. Jruschov, en aras de la moderación, redujo el número a tres, pero el abad no habla sobre esos asuntos. Ellos enterraron recientemente al Patriarca Alexis, a la edad de 92 años. Muchos lo consideraron un simpatizante del partido comunista por consentir la larga lista de humillaciones impuestas a su iglesia por el gobierno soviético. Pero él, presumiblemente, sabía que las protestas no le serían de provecho, y reflexionó que el martirio era poco eficaz en Rusia. Yace es una pequeña catacumba, bajo una de las antiguas construcciones sagradas, con unas pocas flores marchitas en su tumba.

El sepulcro que vi el día anterior era otra cosa. Tan grande es la continua demanda para ver la tumba de Lenin que, en un día normal la multitud se extiende por un lapso de dos o tres horas. La guardia de honor mantiene la fila moviéndose a un promedio que permite que más de 2.000 personas se desplacen cada hora.

Frente a nosotros había colegialas bajando la escalera de puntillas, con su mano derecha estática en señal de saludo. Casi podías oír su emocionado corazón. Los guardias callaban a aquellos que aún no habían sido arrobados por el misterio y el silencio.

Mi compañero tenía la mano derecha en el bolsillo, y el guardia, de forma brusca, le dijo:

—Desgarbado hacia Belén.

A lo largo y ancho de Rusia, los letreros que proclaman el 100 aniversario del nacimiento de Lenin se han tornado apocalípticos: «Lenin vivió, Lenin vive, Lenin vivirá» (En el principio era la Palabra…) o «El Santo Lenin» apareció en esta Tierra en 1870. (La palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros…).

Ahora faltaban unos pocos pasos para doblar a la derecha, lo cual te coloca a la vista de Lenin, quien murió hace 46 años, pero es conservado para los peregrinos, que avanzan tan reverentemente ante sus restos exhibidos en una urna de cristal. Subes, media docena de pasos, y entonces pasas los pies de Lenin, para que mires de frente a su cara. (Qué propicio es todo. Cuando el Zar fue derrocado, Lenin estaba en Zúrich, frotándose aceite en su calva, preguntándose si la ciencia moderna, no ideológica, le devolvería el cabello. Lenin no tuvo suerte. Ninguna de las ciencias que invocó hicieron jamás algo por él.) En Leningrado, la hermosa Leningrado, el gobierno soviético ha transformado una catedral en un museo permanente de «religión y ateísmo». Es un jardín infantil del arte gráfico anti-religioso, hecho bajo epígrafe de Lenin: «Buscamos la emancipación de la clase trabajadora de la superstición de la religión».

Lástima por los pobres rusos. Imagine: San Lenin como sustituto de San Pablo.

Pasamos por una exposición de instrumentos de tortura.

—Estos —nos dijo con toda naturalidad nuestra guía— fueron usados por los religiosos durante la Inquisición.

—¿Son ellos parte de la colección de la Lubianka? —pregunté.

Al principio sonrió, pero enseguida lo pensó mejor.

—Esa no es una broma graciosa —dijo ella.

Era una académica muy dulce, y yo no deseaba hacerla rehén en una guerra ideológica sucedánea, así que le dije que estaba de acuerdo con ella, que las bromas sobre las torturas no son graciosas. Ella dijo, precisando una excusa para no continuar:

—No, no quiero decir que las bromas sobre torturas no son graciosas. Quiero decir que los bromas sobre lo que usted dijo no son graciosas.

Yo me fui, como los viajeros en la Unión Soviética deberían hacer. Tristemente, creo que todo, todo está perdido para cualquier sociedad que deshonra al Rey de Reyes. Pero eso es un prejuicio personal, que en Rusia solo San Sergio y otros pocos subversivos aprecian. Espero, como ellos, por un giro de los eventos, en el que Dios sería de mayor provecho.



Traducido por Luis Natera
La conferencia original en inglés es SELF ABANDONMENT (Neville Goddard – 06-01-1970)



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martes, 17 de octubre de 2017

LA LEY (Neville - 20 de noviembre de 1959)

Neville Goddard (20 de noviembre de 1959) 


LA LEY



Todo el vasto mundo no es más que la exteriorización de lo que el hombre ha imaginado. Debo contextualizar esto diciendo que el mundo que rodea al hombre está muerto, pero el hombre es un alma viviente, y ese mundo es sensible al hombre; sin embargo, el hombre está profundamente dormido y no lo sabe. El Señor Dios puso al hombre en un sueño profundo (Génesis 2:21), y mientras duerme, el mundo reacciona como en un sueño, porque el hombre no sabe que está dormido, y, entonces, se mueve de un estado de sueño, donde es solo un alma viviente (Génesis 2:7), a un estado despierto, donde es un Espíritu vivificador (1 Corintios 15:45). Y ahora él mismo puede crear, porque todo está respondiendo a una actividad en el hombre: la Imaginación.
«El Cuerpo Eterno del Hombre es La Imaginación, es decir, Dios mismo».

El pasado martes me dieron las historias de tres maravillosos casos, y la mejor forma en que puedo describir lo que quiero decir es contándoles una de ellas: aquí tenemos a una dama que está manejando en
Sunset hacia el este, y se detiene en Laurel Canyon. Hay un autobús a su derecha, y entonces ve a una pequeña anciana vestida de gris abriéndose paso entre el tráfico, cruzando diagonalmente la calle a toda prisa para agarrar el autobús. El chofer del autobús la ve, pero arranca, dejándola en la calle. La dama que me dio esta historia me dijo que sintió compasión por la anciana, pero no estaba en el carril para poder llevarla en el auto, y tuvo que arrancar en su carril cuando la luz cambió. Se dijo a sí misma: «igual voy a llevar a esa dama». Así que en la Imaginación abre la puerta del auto y la deja entrar. Entonces, aún en su Imaginación, oye que la dama le dice que va a reunirse con unos amigos unas cuadras más adelante, y que si hubiera tenido que esperar otro autobús probablemente no la habrían esperado. La dama en el auto continuó con esta conversación imaginaria, y le tomó quizá treinta segundos hasta que se sintió satisfecha al respecto. Cuatro cuadras después, cuando se detuvo otra vez por una luz, alguien daba golpecitos sobre la ventana del auto, y allí estaba una viejita canosa y sin aliento, vestida de gris. Mi amiga bajó la ventana y la pequeña anciana dijo: «He perdido mi autobús, ¿me puede llevar? Unos amigos me están esperando y cuando vean que no me bajo del autobús pueden seguir e irse sin mí». Mi amiga la dejó entrar al auto y, luego, seis cuadras más adelante, la pequeña dama le dice: «¡Allí están mis amigos!», le agradece a la conductora y se va.

Aquí tenemos una dama a quien le digo que está despierta. Y si me lo permiten, en el cielo hubo júbilo porque uno llamado pecador (somos pecadores, porque todos erramos el blanco, y el blanco es el despertar) ha descubierto que el mundo entero es sensible a lo que pensamos. Ella realmente no pudo llevar en su auto a la dama que vio primero, así que lo hizo en la Imaginación, y entonces ve a esta otra anciana y la lleva en el auto. Aquí ella está representando su acto imaginario, y cuatro cuadras más adelante, cuando el sueño se completa, esta pequeña anciana toca la ventana de su auto. En su imaginación llevó en su auto a una pequeña y canosa dama vestida de gris. ¿Es importante si fue a la que dejó atrás en la última parada de autobús o a esta dama de gris? Todos responden a lo que hacemos en nuestra imaginación. No hay un mundo externo que esté realmente vivo. Su vitalidad depende de la actividad del hombre, que es un alma viviente. El hombre le dio nombre a los animales, los pájaros, los árboles: a todo (Génesis 2:19-20). Dios se convirtió en hombre en la forma de alma viviente, pero Él tenía que olvidar que era Dios para convertirse en hombre, y ahora el hombre tiene que convertirse en un Espíritu vivificador (1 Corintios 15:22), y en ese punto comprende que todo es actividad imaginal.

Aquí, en la esquina donde la primera parte de esta pequeña obra tuvo lugar, la mitad de los que la presenciaron insultarían a gritos al chofer del autobús por no esperar a la anciana, y la otra mitad diría que ella era una tonta por correr en la calle. La dama en el auto podría haber reaccionado así, ya que el soñador no sabe que está soñando. Solo al despertar se sabe que se está provocando un sueño, o, incluso, que se tuvo uno. La dama del auto únicamente vio que alguien había fallado en realizar un objetivo, de manera que representó para ella una escena que entrañaba que lo había realizado, y cuatro cuadras después se encuentra con esta pequeña anciana que le dice las palabras exactas que había oído en su Imaginación. Su sueño imaginativo se desarrolla detalladamente. Un sueño consciente se cristaliza en el mundo.
«Verdaderos son los sueños de los Dioses, y con total naturalidad transcurre / Su placer en un largo, inmortal sueño». Cuando el hombre despierta por completo, sueña su placer y todo le responde mientras lo sueña.

Creemos que todo en el mundo es completamente independiente de la percepción que tenemos de ello, pero todo está muerto. Lo veo, y me encuentro con él, pero todo está completamente congelado. Luego comienzo una actividad en mi interior y entonces el mundo que estaba muerto cobra vida, pero sin saber que yo lo hago. Estoy profundamente dormido y entonces, de manera absoluta, todo toma el control y se convierte en una pesadilla. Pero yo debo mantener el control y saber que todo depende de mí. El mundo es respuesta infinita, y lo que le da vida es el alma viviente llamada hombre genérico (macho-hembra) (Génesis 1:27). Y entonces Dios se entreteje en el cerebro de este hombre genérico, y luego se duerme. Cuando el hombre empieza a despertar, controla y toma las riendas, y no es más una víctima de su visión; por lo tanto, tiene el control de su atención. Todo hombre es libre de crear su mundo como quiera, si sabe que todo le responde.

En Lucas 13 se nos cuenta la historia de cinco galileos que han sido asesinados por Pilatos: «Y él mezcló su sangre con la de sus sacrificios», etcétera (Lucas 1:1). Y la figura central de los evangelios, que es tu imaginación despierta, les dice a sus seguidores: «¿Pensáis que esos galileos […] eran más pecadores que los demás galileos? No, os digo. Antes bien, si no os arrepentís, todos pereceréis del mismo modo» (Lucas 1:2-3). En cierto modo, pensamos que se lo merecen, justo como aquellos que vieron la escena en
Sunset Boulevard dirían: «¡Se lo merece! ¡Cómo va a atravesar la calle de esa manera!» En esta historia en Lucas se nos dice que alguien pecó en el pasado y fue asesinado por Pilatos. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Entonces, Jesús les preguntó: «Aquellos dieciocho, sobre quienes cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalem? No, os digo. Antes bien, si no os arrepentís, todos pereceréis del mismo modo» (Lucas 1:4-5).

En este nivel del sueño la gente piensa en desquitarse. Es un sueño de confusión y las personas son reactivas, pero el hombre tiene que despertar y ser un actor. En el nivel actual, el hombre está siempre reflejando la vida, sin saber que él es la causa de todo cuanto observa. Pero cuando despierta del sueño, entonces se convierte en actor. ¿Qué porcentaje hubiera hecho lo que esta dama hizo en el auto? Ellos habrían reaccionado, o se habrían dado un banquete con el fruto del árbol del bien y del mal (Génesis 2:16-17). Habrían tenido una reacción violenta, y luego habrían tenido una resistencia violenta de este universo muerto. Pero esta dama crea su sueño y todo sucede exactamente como lo imaginó, incluso el número de cuadras. Podrías casi creer que ella había fabricado a esa pequeña anciana de gris, pero te digo que todo llega como respuesta a tu maravillosa actividad imaginal.

Puedes ser cualquier cosa en este mundo, pero no puedes saberlo o esperar que llegue, a menos que actúes. Si reaccionas basado en el pasado, continúas en el mismo patrón. Para ser el hombre que deseas ser debes crear la escena, como esta dama hizo, y el mundo entero se convulsionará, si es necesario, para que suceda. No hay otro poder, sino Dios, pero Dios tuvo que «olvidarse» de que era Dios en este estado de sueño, y entonces despierta y determina conscientemente las condiciones que desea en el mundo.

Así que de nuevo le digo a esta dama que los ángeles se regocijaron por su despertar, y —esto lo digo sin orgullo— también se regocijaron porque mantuve mi promesa de que vendría y despertaría a esta durmiente en el mundo del hombre. Pues, yo también tuve que olvidar todo para ser hombre. Porque cuando uno va y luego retorna, debe olvidar todo para convertirse en hombre. Porque cuando uno va y luego retorna, debe olvidarlo todo, pero promete que cumplirá su promesa y ayudará al hombre a despertar. Así, el alma viviente se convierte en un Espíritu vivificador, y entonces crea.

Tómalo en serio. No pases por aquí dejando tu sueño en la in∙acción. A esta dama le tomó treinta segundos representar su escena y otros sesenta segundos cumplirla. Se dicen a ustedes mismos: «debe tomar tiempo». ¿Cuánto tiempo? Lean Corintios 1,18: «Podría ir ante los hombres con todas las palabras de sabiduría, pero saber sólo una cosa: la cruz. Para el sabio es necedad» (1 Corintios 1:17-18), etcétera. ¿Qué es la cruz? Piensa en ello bajo esta perspectiva: empiezas aparentemente en el vientre de tu madre y terminas en la tumba. Ustedes no, pero tienen esa imagen. Considera la línea horizontal de la cruz como el tiempo que intercepta la línea vertical, y llama a eso «estados infinitos», como la escalera de Jacob. En cualquier sección del tiempo puedo moverme hacia arriba o hacia abajo. El tiempo está fluyendo y el estado con el cual estoy identificado aún se desarrolla.

Así que sentado en mi auto puedo moverme hacia arriba y representar una escena. Actué y me mantuve dentro de ese estado, y se desarrolló. Tomó sesenta segundos. Hay infinitos estados interceptando la línea del tiempo. Llegamos a ser uno con cierto estado, y este se manifiesta a través de fenómenos tangibles. A todos aquí, no les tomaría más de treinta segundos provocar un cambio de estado. ¿Cómo sería? Nombra tu deseo. Permanece en ese estado, y éste, con el paso del tiempo, se revelará en tu mundo. Tú no haces nada al respecto una vez que has entrado en el estado, porque lo externo debe moverse por la fuerza del poder interno.

Esta pequeña anciana de gris tuvo que llegar al auto de mi amiga. Cada detalle de ese acto imaginativo tuvo lugar.

¿Por qué no? El universo es respuesta infinita cuando sabes que no hay nadie en todo el mundo que pueda jamás perturbarte, porque es una sombra. He visto el mundo entero muerto, completamente congelado, y entonces permití que algo dentro de mí empezara y todo cobró animación. Luego te haces millones de preguntas. ¿Quién soy? ¿De qué se trata todo esto? ¿Por qué? Todo aquí responde a la actividad imaginal dentro del hombre.

Cuando alguien enfermo se recupera; cuando alguien que está ciego puede ver, ¿es eso un mayor milagro que lo que esta dama contó? Ella está despierta. Si haces una fortuna, eso no significa nada. Todos los honores de los hombres en un estado de sueño son como nada. Debes «arrepentirte». No tiene nada que ver con el llamado juicio de Dios. Es solo un sueño, y el hombre está reaccionando al sueño, y no sabe que es el soñador, y que es el causante de todo el sueño.

El significado literal de la palabra griega que se traduce como ‘arrepentirse’ [metanoéo] es ‘cambiar de manera de pensar’. No tiene nada que ver con el aspecto moral. Las iglesias introdujeron eso, pero no tiene nada que ver con ello. No me importa lo que el hombre haya hecho, si cambia su manera de pensar en este sentido de la palabra «arrepentirse», ya que entonces él es la línea vertical de los estados. Él se para en un punto sobre los estados. Hay infinidad de ellos, y debemos aprender a distinguir entre el estado y el individuo que lo ocupa. Pero ahora puedo cambiar y moverme a otro estado. Puedo, con el tiempo, hacerlo en un breve instante y subir en la línea vertical de los estados.

«Vengo únicamente a enseñar la cruz» (1 Corintios 1:18), dijo Pablo. Subiré dentro de mí e ignoraré el antiguo estado, y dentro de mí asumiré que las cosas son como quiero que sean. Si permanezco fiel, el paso del tiempo las revelará. Blake dijo:
«La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo». Déjame decirte, jamás permitas que nadie te convenza de que por tus logros pasados o tu estado actual en el mundo no puedes cambiar tu posición subiendo dentro de ti, y, entonces, ver que el mundo entero te responde, y quiero decir «¡ahora!».

Entonces, te digo que esta dama está despierta; el Hijo está despierto en ella. El propósito de la vida es despertar. Si todo el vasto mundo o humanidad durmiente la consideró importante, ¿se sentiría halagada? Si en un sueño todo el mundo te alaba y, entonces, te despiertas y encuentras que todo fue un sueño, ¿te sentirías halagado? Uno que sueña le impone una medalla a otro que sueña, y no lo saben. Solo el despertar es importante. El despertar y hacer la voluntad de Dios. La voluntad de Dios está activa en ti como tu propia Imaginación, y Su voluntad es dar cumplimiento al estado imaginal: realizar algo novedoso, como hizo esta dama; preservar algo para que continúe siendo; dejar ir las cosas que te parecen desagradables. Lo haré todo y únicamente actuaré [accionaré], y dejaré de re∙accionar. Entonces el libro completo, la Biblia, cobra vida. Deja que todos los «sabios se burlen de ella o la toleren». Deja que alcancen la luna o las estrellas, están todos muertos. Nada vive fuera del hombre. El hombre es el alma viviente que se convierte lentamente en un Espíritu vivificador. Pero no lo puedes contar, a menos que sea en una parábola o metáfora para estimular la mente del hombre y hacer que salga y lo pruebe.

Deja el bien y el mal, y come del árbol de la vida (Apocalipsis 2:7). Nada en el mundo es falso si quieres que sea verdadero. Eres la verdad de todo lo que percibes. «Yo soy la verdad, y el camino, y la vida revelada». Si no tengo físicamente nada en el bolsillo, entonces, en la Imaginación tengo ¡mucho! Aunque esa [realidad] sea una mentira que se basa en hechos, la verdad, no obstante, está basada en la intensidad de mi imaginación, y así la crearé en mi mundo. ¿Debería aceptar los hechos y usarlos como lo que debo imaginar? No.

En el relato de la higuera (Lucas 13:6-9) se nos dice que ésta no dio fruto por tres años. Uno dijo: «Córtala y deséchala», pero la súplica del viñador fue: «¡no!». ¿Quién es el árbol? Yo soy el árbol, tú eres el árbol. Damos frutos o no los damos. Pero el Viñador dijo que cavaría alrededor del árbol y le daría nutrientes, o lo abonaría, como diríamos hoy, para ver si no va a dar fruto. Bien, eso hago aquí todas las semanas, y trato de hacer que el árbol —tú y yo— dé fruto. Deberías dar fruto en lo que deseas. Si quieres estar felizmente casado, deberías estarlo. El mundo es solo respuesta. Si quieres dinero, consíguelo. De cualquier manera, todo es un sueño. Cuando despiertas y sabes lo que estás creando, y que eres tú quien lo crea, es distinto.

La Biblia es el libro de los libros, pero ha sido considerada desde un plano moral, y es todo lamento y lágrimas. Como se nos ofrece el Evangelio, parece, si lo tomamos literalmente, poco menos que un relato despiadado. El Nuevo Testamento interpreta al Viejo Testamento, y no tiene nada que ver con moralidad. Cambia tu forma de pensar y mantente en ese nuevo estado hasta que se desarrolle. El hombre cree que él mismo debe trabajar para lograr algo, pero es Dios dormido en ti como alma viviente, y entonces renacemos como Espíritu vivificador. Lo hacemos aquí, en este pequeño salón de clases llamado Tierra, o más allá de la tumba, porque no puedes morir. Puedes estar igual de dormido más allá de la tumba. Los veo constantemente, y son iguales que aquí. Los mismos amores, los mismos odios. No hay cambio. Harán el recorrido hasta que finalmente despierten, hasta que dejen de re∙accionar y comiencen a actuar [accionar].

No tomes la historia que te he contado esta noche a la ligera. Tómala en serio. Esta noche, cuando vayas manejando a casa, representa una escena, la que sea. Olvídate del bien y del mal. Representa una escena que implique que tienes lo que deseas, y en el grado en que seas fiel a ese estado, se revelará en tu mundo, y ningún poder podrá detenerlo, porque no hay otro poder.

Nada es independiente de tu percepción. Esto lo digo por ese gran filósofo entre nosotros que aún afirma que todo es independiente del que percibe, pero que éste tiene cierto poder. No es así. Nada es independiente del que percibe. Todo se «consume» cuando dejo de contemplarlo. Puede existir para otro, pero no para mí.

Hagamos de nuestro sueño uno noble, porque el mundo es respuesta infinita hacia ti, el ser que quieres ser.

Ahora entremos en el silencio.
 


Traducido por Luis Natera
La conferencia original en inglés es THE LAW (Neville Goddard – 11-20-1959)



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